Sobre “Anarquía. Orden sin autoridad”, por José Julián Llaguno

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Publicado en La Brecha, Revista anarquista de historia y geografía, n°4, primer semestre de 2017

“El más grande, es más, el único delito
contra el Estado, es la anarquía”

Hegel

“La anarquía es la máxima
expresión del orden”

Proudhon

Los epígrafes que abren este texto, bien podría ser la síntesis más sencilla y compleja del problema que plantea el libro que comentaré del historiador costarricense Rodrigo Quesada Monge. Hegel y Proudhon son dos antípodas del pensamiento moderno occidental del siglo XIX, si bien compartían el mismo espíritu movilizador de la ciencia y el cuestionamiento del mundo, dirigían su energía hacia modelos de sociedad totalmente contrapuestos. El filósofo alemán ponía el acento en el Estado como máxima forma de organización del espíritu humano, mientras que el economista francés veía en este solo una época infantil de la evolución humana.

El problema de fondo entre estos dos extremos, es el orden, ósea la forma y textura en que las sociedades humanas se mantienen unidas. Y hacemos énfasis, en la sociedad, precisamente porque estamos existencialmente convencidos que necesitamos de otras personas para vivir y desarrollarnos plenamente. Con este horizonte, lo importante es plantear que tipo de orden queremos, deseamos y estamos dispuestos a construir, con el fin de que cada una de las personas y seres vivientes que formen parte de él, tengan a su disposición, todas las herramientas necesarias para su pleno desenvolvimiento.

Estas palabras, bien puede ser una definición amplia y heterodoxa de anarquía, que es el horizonte por el que miles de personas se han organizado en todo el planeta de forma consiente desde hace casi 200 años. Desde un punto de vista filosófico, esta dimensión afirmativa, implica necesariamente un conjunto de acciones consientes que hagan de este horizonte una posibilidad real que se abre camino frente a muchas otras. En este sentido, la anarquía es siempre una opción, que depende de muchas circunstancias, tanto de posibilidades históricas como de voluntades colectivas, que se comprometen con su institución, ósea con la capacidad de que funcione como organización práctica de la vida social.

El principal mérito, que a mi juicio presenta el libro que comentamos, es precisamente interiorizar y poner en contexto este tipo de orden social que se entiende como anarquía.  Estas dos operaciones no son sencillas de equilibrar y llevar a cabo en un texto, por lo que intentaré exponerlas de acuerdo a lo que mi lectura, una posible entre muchas otras, ha podido clarificar de la intención pedagógica del autor.

He puesto énfasis en la tarea de interiorización, ya que me parece que esta es una acción humana sumamente importante, que muchas veces pasa desapercibida. Esta, según mi compresión, tiene como objetivo principal racionalizar y poner en común una gran cantidad de información, experiencia y valores, que se entremezclan en un conjunto dinámico de elementos que son explicitados a través de la escritura. En este sentido, lograr una síntesis de la idea anarquista, como la expone el autor, no es solo una tarea de lectura y comentario bibliográfico, sino que va mucho más allá, ya que le presenta a quien lee, su propia interpretación del tema desde un lugar de simpatía y crítica, en un sentido pedagógico.

Esta pedagogía del texto, está tanto en la estructura el texto, como en la narración misma de este. En términos formales, Quesada divide su exposición en dos grandes partes, el legado ético compuesto de diecisiete capítulos cortos que trabajan a profundidad los temas seleccionados por el autor tales como, la libertad, el Estado, la religión, la familia, mujer, arte, guerra, comida, amor, trabajo, tiempo libre, tecnología, política, terrorismo, propiedad privada, educación y sexualidad.

Cada uno de estos temas es expuesto por el autor desde dos matrices principales, la exposición de lo que algunos actores y actrices del anarquismo, han propuesto con respecto a cada aspecto, así como la interpretación crítica de lo que Quesada considera sus aportes y restricciones. Esta metodología de trabajo es para mí muy valiosa, ya que permite conjuntar tanto la teoría como la práctica del anarquismo, desde una apuesta comprometida con lo que se está transmitiendo. En este sentido, la lectura del texto es en sí mismo una interpretación del autor, que deja entrever explícitamente su opinión, pero con el mérito de no cerrar la exposición a una versión única del planteamiento.

El otro aporte de esta metodología es que existe una continuidad lógica y constructiva entre los temas trabajados. De esta manera, cada uno de los diecisiete capítulos desarrolla reflexiones que se van encadenando entre si y construyendo un sentido que permite que la persona que lee pueda llevar un hilo conductor del mismo. Esta forma de escritura, pone su acento en la interpretación y exposición de los temas, por lo que el seguimiento de los detalles de cada uno de los planteamientos se puede seguir, a partir de la recomendación bibliográfica inserta en notas al pie. Vale la pena decir que este complemento bibliográfico es en sí mismo monumental, pero sin ser pesado y restrictivo, por lo que la persona lectora se va a encontrar con una impresionante biblioteca ácrata publicada en muchos idiomas y lugares diferentes.

El segundo mérito del texto es que loga contextualizar de forma bastante completa los momentos álgidos de la historia del anarquismo como movimiento organizado. Esto se desarrolla en la segunda parte del texto compuesto por ocho capítulos, héroes y mártires del anarquismo, la Comuna de París, la revolución mexicana, la revolución bolchevique, la revolución española, el movimiento antiglobalización en Seattle, el anarquismo en América Latina y Costa Rica. Esta selección pone énfasis en aquellos momentos donde el anarquismo tuvo una presencia considerable y está organizado en sentido cronológico.

Esta segunda parte es menos extensa y novedosa en términos temáticos, ya que trabaja con momentos bastante más conocidos y trabajados por la historiografía anarquista. Dicho esto, creo que el autor si aporta una metodología bastante importante, ya que rompe con la visión positivista y lineal de la historia, tan acostumbrada a narrar en términos de episodios y grandes personajes. Esto es algo que la misma historiografía del anarquismo, compuesta tanto por simpatizantes, militantes y detractores, ha repetido de forma consciente o inconsciente.

Es normal encontrar que casi todas las antologías históricas del anarquismo, se han escrito a partir de resaltar una especie de genealogía lineal entre, los maestros fundadores, Proudhon, Bakunin, Kropotkin, Malatesta, Emma Goldman, Louise Michel, las corrientes internas del anarquismo, colectivismo, mutualismo, comunismo y sindicalismo, así como de los momentos insurreccionales de mayor alcance, Rusia, España, México y Argentina. El problema de esta lectura, es que restringe al anarquismo a epicentros muy concretos – en su mayoría situados en Europa occidental – además de que reproduce una vivencia de la historia como episodios que empiezan y terminan en fechas concretas.

Afortunadamente, esta corriente lineal de la historia tiene ya importantes fisuras, elaboradas principalmente por historiadores ubicados en el llamado “tercer mundo”, que han puesto en común, muchas organizaciones y procesos revolucionarios poco conocidos hasta el momento. Comunas anarquistas en Corea, Japón y China, milicias campesinas y proletarias en el Este de Europa, anarcosindicalismo en el Caribe y Centroamérica, pedagogía libertaria en el Oriente medio y sindicalismo revolucionario en África, por citar solo algunos.

En este sentido, el hecho de que Quesada ponga de manifiesto su lugar de enunciación geográfico (Costa Rica), es en sí mismo un mérito, ya que permite contribuir a una historiografía del anarquismo de desarrollos múltiples y diversos. Aunque parezca algo elemental, a mi juicio no es algo menor, recordar siempre que el movimiento ácrata es y ha sido siempre una pluralidad de voces que han convocado a multitudes de muchos lugares a la vez, y que, si bien se pueden rastrear algunos espacios más amplios que otros, es tiempo de que incorporemos de forma explícita y consiente la dialéctica misma del anarquismo, al estudio del mismo.

Por último, no me queda más que celebrar y recomendar el estudio de “Anarquía: orden sin autoridad”, como un texto de formación imprescindible, para toda persona que quiera una primera probada de lo que ha sido el movimiento libertario. Asimismo, su lectura no se restringe a miradas primerizas, sino que también es una herramienta potente para el debate de aquellas personas practicantes de la Idea.


* José Julián Llaguno. Politólogo, maestro en historia centroamericana por la Universidad de Costa Rica. Contacto: jjllaguno@gmail.com

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