21 de mayo: contra el militarismo y los delirios nacionalistas

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Con motivo de la conmemoración de las glorias y héroes nacionales, encontramos oportunidad de reflexionar sobre la naturaleza de su instauración, es decir, preguntarnos qué guardan estos discursos y festividades rituales de alabanza a la patria, qué cosas buscan ocultar al ceñirse de tanta pompa y magnificencias. Nosotros estamos convencidos que de la conquista y la rapiña nadie puede vanagloriarse, y que detrás de tantas coronas y flores algo se pudre.

Aunque el combate naval que conmemora este 21 de mayo haya terminado en sólo una parcial victoria militar, al gobierno chileno le interesó poderosamente el sacrificio que en él se realizó. El capitán a cargo de la maniobra militar, que consistía en bloquear al que en ese entonces era el peruano puerto de Iquique, había muerto obedeciendo su deber, hundiéndose izada la bandera nacional. ¡Enorme ejemplo de obediencia! ¡Cuántas calles de Chile ahora recuerdan su “grandeza”! Pero, ¿qué grandezas nacen de la obediencia a los amos? Ya se comienza a sentir cierto hedor.

Arturo Prat, ejemplo de obediencia
Arturo Prat, ejemplo de obediencia

El objetivo que movilizó al ejército chileno fue apoderarse de los ricos yacimientos salitreros que poseían el Perú y Bolivia en las regiones de Tarapacá y Antofagasta. Fue por lo tanto otra guerra de conquista más, con toda la miseria y el oprobio que siembran a su paso.  Pero una vez conquistados los nuevos recursos, ¿la Patria engrandeció a su pueblo con ellos, elevándolo aunque sea materialmente? No: Arturo Prat jamás pensó que su sacrificio y todo el nacionalismo que exacerbó fue vendido por la Patria a empresarios extranjeros.  Así, la historia del monopolio empresarial  en Chile tiene una larga trayectoria, y encuentra aquí, en los acontecimientos que sucedieron a la Guerra del Pacífico, uno de sus puntos de referencia más emblemáticos, pues, como ocurrirá casi un siglo más tarde, logró también derrocar al presidente republicano que tomó la iniciativa de aprovechar la nacionalización del recurso, hechos que forman parte de la Guerra civil de 1891.

Fuera de la multitud de colores que porten las banderas, una vez más se muestra que la dirección de los pueblos está demarcada por la división que de ella hacen sus amos, pues, finalmente, fuera de los discursos, la gloria de la victoria de toda una Guerra no aportó en nada al bienestar social, resultando casi indiferente el ser chileno, boliviano o peruano si se es pobre. Dos patrias sólo se hacen sentir así. El resto son ficciones, fábulas para embaucar incautos.

Con este propósito es necesario volver a contemplar la figura de Manuel González Prada, quien nos aporta una curiosa condición personal e histórica; abogando el espíritu ácrata que busca no reconocer las fronteras, también combatió en la misma Guerra que Arturo Prat, pero en otro combate, perteneciendo al bando vencido. En algunas de sus páginas podemos encontrar algo de esta mistificación propia de toda victoria militar: “Hoy mismo, al recordar la saña implacable del chileno vencedor, deploramos la exagerada clemencia de Grau en la noche de Iquique”, escribió González Prada en unas páginas dedicadas al mismo general peruano, exaltando su integridad moral al dar trato digno a los vencidos de aquel encuentro. Porque en realidad fueron el robo, la expoliación, la soberbia, el pillaje, el crimen y la violación los que acompañaron a la conquista chilena, ¿qué otra cosa iban a ocultar tanta “gloria”? “Digan lo que digan los ilusos y sentimentales, el que vence, vence. El vencedor, aunque pulverice al vencido y cometa delitos de lesa humanidad, deslumbra y seduce al mundo. En la mascarada de la Historia, todo crimen con la aureola del buen éxito se conquista el nombre de virtud”, sentencia en su famoso artículo dedicado al conflicto bélico. Mejor apresurémonos a sacar algunas conclusiones.

Los pueblos mal educados están a merced de las maquinaciones más pérfidas sobre sus ideas y su comportamiento. Sólo así se explica el curioso hecho de que individuos, excitados por sus sentimientos de pertenencia, se arrojen brutalmente sobre poblaciones ajenas para usurparle vidas, dignidad y demás pertenencias, amparados completamente por la “justicia”. Las guerras no son nobles ni mucho menos justas; bajo esos términos se ocultan intenciones aberrantes de los plutócratas que van rotando en la real dirección de la República ¿Héroes nacionales? Por una parte individuos comprimidos en Academias Militares que confunden ciegamente La Patria con los bolsillos de unos cuantos grandes empresarios, y por la otra, quimeras para insuflar en las vísceras del pueblo la “virtud” que significa someterse a los dictámenes de sus amos. ¿Qué otra cosa puede contener Arturo Prat y su gesta en el combate naval de Iquique? Sacrificando su vida, cumpliendo su deber dio a Chile una de los máximos ejemplos de obediencia. Los gobernantes no quieren nada más de nosotros.

Grupo de estudios José Domingo Gómez Rojas


Editorial Eleuterio ha puesto en circulación física la edición de Las dos patrias: antología contra las fronteras y el militarismo, de Manuel González Prada, invitando a que su lectura ayude a desprenderse de algunos mitos inútiles y vacíos. El libro está disponible en librerías, persa Biobio y ferias del libro. También pueden descargar su versión digital:

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