Presentación de “Educación Anarquista 1. Aprendizajes para una sociedad libre”, por María Soledad Jiménez

Reseñas

El siguiente texto fue presentado por la profesora María Soledad Jiménez (UAHC) durante las jornadas “¿Educar o estandarizar?” que organizó nuestro grupo de estudios en diciembre de 2012, instancia en que fue lanzada la primera edición de nuestro libro Educación anarquista. Aprendizajes para una sociedad libre.

El libro y la selección es un recorrido de recuperación histórica, de sistematización de experiencias y reflexión contemporánea de las formas que el mundo anarquista ha develado, madurado y ejecutado en torno a la problemática educativa y pedagógica, poniendo en su lugar una trayectoria muy fructífera para este ámbito que nos obliga a dialogar y tensionar el estado actual del campo de lo pedagógico, y particularmente, por deformación profesional la didáctica y el complejo fenómeno del aula o lugar de encuentro  para el aprendizaje (sea cual fuese el lugar que convoca la posibilidad de aprender).

He elegido realizar un comentario a aspectos que de los diferentes artículos, de manera  absolutamente antojadiza, que me parecen notables y permiten hacer alguna observación desde el campo de trabajo y reflexión en el cual me encuentro agrupando ciertos énfasis que el texto ofrece a través de la selección realizada y que espero los invite a hacer una lectura acabada y activa de  cada uno ellos:

En primer lugar, voy a hacer un comentario al texto de Félix García, que muestra una mirada  aguda  al jaque mate que vive hoy la escuela en términos de pérdida de sentido. A partir de una mirada histórica sintética y muy aportativa para la comprensión  del fenómeno de la escuela, clarifica  la tensión y la pérdida del rumbo entre los sentidos de le impuso la modernidad, los componentes de eficacia que fue incorporando y los fines sociales de la escuela, en ese camino la escuela, se convirtió en una especie de inversión siempre a pérdida  donde el único fin exitoso es la selección y con ella la segregación. La escuela en este texto, se  vincula a la imposibilidad de  la creación, lo que desde mi punto de vista es efectivamente el fin de la experiencia educativa. Sin embargo, en su planteamiento también deja ver que fuera de la escuela no hay una comunidad docente instalada crítica y creadora “sino más bien manipuladora” en palabras de García.  Por ello, la escuela no deja de ser un espacio relevante y significativo para la trasformación social,  que como otros espacios, pero de manera más importante, es la única actividad social obligatoria y nos guste o no legitimada por un público muy amplio, que reúne a diferentes actores convoca a diferentes grupos etarios, y eso es una oportunidad imperdible, siempre y cuando se recupere la capacidad pedagógica de la escuela, en otras palabras, la capacidad de producir aprendizajes.

Este texto nos invita a pensar en qué hacemos con la escuela y con la oportunidad que oferta de encuentro de actores, cómo aprovechamos sus experiencias, sus conocimientos en un espacio concebido para dicha reunión (¿Cómo la comunidad se autoeduca?).

Un segundo grupo de artículos, Hugues Lenoir (“La educación libertaria”) y Heloísa Castellanos (“La educación integral”), nos traen y nos convocan a pensar en la experiencia acumulada en el campo de la educación anarquista, a través de los aportes prácticos de Robin, Faure y Ferrer.  Me parece que en estas descripciones y reflexiones sobre las propuestas emprendidas en territorios europeos,  queda claro que muchos de los lenguajes y procedimientos propios de la enseñanza activa y constructivistas tiene sus referencias instaladas en estos procesos (la idea de educación auténtica y la evaluación auténtica encuentra en estas y otras experiencias, una ensayo real de sus posibilidades), esta ideas tan presentes en el lenguaje pedagógico actual y con tanto sentido para su transformación, no pueden ser  como indica Lenoir “absorbidos por el pensamiento pedagógico oficial”; desde mi perspectiva, debe haber un reconocimiento y un dialogo que legitime los aportes anarquistas (vivimos en un país muy troglodita…).  Y en esa medida en la lectura de estos artículos, aparece naturalmente la necesidad de conocer mucho más a fondo, la trastienda de estos proyectos, cuáles fueron sus principales obstáculos de aprendizaje  en la escuela moderna en aula o en espacios formativos alternos a ella, cuáles eran las dificultades de gestión de las comunidades de aprendizaje y también de gestión de gobierno comunitario.  Creo que a partir de estos cuestionamientos más agudos a la trastienda de las experiencias educativas anarquistas, es donde aparece el segundo paso y más importante que  hay que dar para avanzar en las propuestas educativas de cambio y transformación. Aparece con claridad un segundo número de la colección que entre en la cancha chica, que refiera a las problemáticas y desafíos de gestionar la experiencia de aprender de una manera diferente.

 Silvio Gallo (“Estúpida retórica…”), Lamberto Borgui (“El papel de la pedagogía libertaria )  y Francesco Codello (“La educación autogestionada”), realizan  una reflexión clave  para repensar lo pedagógico, a través de la idea y la acción en torno a la libertad, la autoregulación y autogestión en la educación. El planteamiento de Gallo en torno a la pedagogía libertaria y su comprensión como “la construcción de libertad  en un escenario de solidaridad”, plantean un tema esencial para la restructuración de los fines educativos y la formación ciudadana actual. En los debates actuales en educación, es muy típica la importancia de la tolerancia como valor y no de un respecto activo frente a la diferencia que alberga una concepción y una orientación a la acción totalmente distinta del uso de mi libertad. La reflexión de Codello sobre la autogestión, plantea una pregunta relevante al menos en nuestro escenario actual  y una pregunta que percibo muy fuerte en las nuevas generaciones preocupadas del tema educativo.  Leo textual:

“En definitiva: qué deben hacer hoy en día los anarquistas respecto al problema de la educación: crear (cuando es posible) escuelas alternativas o insertarse en aquellas existentes y actuar al interior? En realidad quizás esto es un falso problema por lo menos por que  la posibilidad de crear experiencias alternativas está muy limitada sino imposible por el momento (…)  por ahora, la escuela constituye un espacio utilizable aunque con diferentes dificultades, teniendo bien presente el discurso  de carácter general, buscando de esta manera tener bien claro los límites  objetivos de nuestra acción dentro de la institución” (p. 71).

Los textos seleccionados de Pere Solá, Josefa Martin Luengo y Daniel  Parajuá, terminan poniendo el acento en el  análisis y lectura evaluativa de experiencias concretas y como indica Sola: ¿Cuáles son las enseñanzas del fracaso? Como por ejemplo él lo plantea desde las escuelas racionalistas en Cataluña “porque no son episodios especulativos, sino que tuvo una plasmación práctica incuestionable, que hoy podemos analizar y juzgar”. Idea que también aplica para el artículo de Josefa Martin Luengo, quien a través de la escuela libre Paideia relata y reflexiona, con la belleza de las ideas que surgen de la experiencia vivida las grandes problemáticas y posibilidades de una educación que intenta una trayectoria de aprendizaje distinto. Daniel Parajuá en el último artículo, hace un llamamiento encendido a sacar del elitismo intelectual la educación libertaria,  para que entre en los espacios cotidianos donde se va inseminando el autoritarismo, probando caminos de autogestión en grandes y pequeñas hazañas diarias, con los estudiantes en nuestras comunidades de vida,  y “entrar donde las papas queman:

“(…) Sucumbir ante el pesimismo es un error, es una rendición y sólo nos conduce al aborregamiento.  Si nos rendimos seguiremos hablando eruditamente de la pedagogía libertaria pero sin contenido, sin vida, sin problematizarla. No sólo se puede hacer esta educación libertaria sino que  es posible ponerla en marcha desde ya mismo sin necesidad de esperar a nada ni nadie.  Una actitud esta que ciertamente puede ser tildada de mero voluntarismo o de ingenuidad, pero es necesario asumir esos cargos para  poner los pies en el suelo y mostrarnos cómo cual revolución, que acomete la crítica del mundo y quiere transformarlo, no depende de esperar que otros lo hagan por nosotros ni a que todo este  cambiado para cambiar la educación. Desde este punto de vista, cualquier idea acerca de la educación libertaria pasa por la realización efectiva, cotidiana de prácticas libertarias, empezando por nuestros microcosmos, las aulas, los pasillos, la sala de profesores, la salida y entrada del colegio, con los grupos de alumnos/as y las familias con las que tengamos contacto, con otros profesores/as”  (p.114).

 

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