“El anarquismo de Rodrigo Quesada Monge”, por Marcos Reyes Davila

Reseñas

 

A propósito de sus dos libros: “La fuga de Kropotkin” (Chile: Editorial Eleuterio, 2015, 173 págs.), y “Anarquía: Orden sin Autoridad” (edición combinada de la Editorial Eleuterio de Chile y la Editorial de la Universidad Nacional de Costa Rica, 2014, 448 págs).

A Rodrigo Quesada Monge lo hemos consentido en nuestro baúl de aprecios de manera constante desde hace ya muchos años. Se acercó a nosotros con un trabajo de historia para la Revista EXÉGESIS, y desde entonces. Le hemos invitado a conferenciar en Puerto Rico, y hemos estado en el estudio-cueva de su casa en San José, Costa Rica. Hace un tiempo largo ya me envió su libro sobre Kropotkin, que leí entonces, y luego el libro titulado “Anarquía”, que terminé de leer hace poco. No he olvidado al amigo Quesada Monge. Simplemente otros deberes y ocupaciones impostergables del pasado año me impidieron proceder a reseñarlo.

Habría que decir para comenzar que Quesada Monge, historiador y también novelista, con una obra impresionante y diversa, confiesa en estas obras una deuda de amor hacia el anarquismo que se hace contagiosa. Por lo menos en aquellos que priorizamos la solidaridad y soñamos con una sociedad igualitaria y justa. La tarea emprendida por Quesada Monge no ha sido de poca monta. Por una parte ha rescatado para el lector contemporáneo la obra de uno de esos autores que aparecen aludidos de paso y en notas al calce en el quehacer intelectual y revolucionario del siglo XX. Por la otra, Quesada Monge hace un estudio sobre el anarquismo en el que ilumina sus elementos, su aportación en el desarrollo de la historia, no solo rusa ni solo europea, sino latinoamericana, y sus repercusiones en muchas latitudes del planeta.

Pero, además, Rodrigo Quesada Monge se aplica a iluminar cómo inciden las ideas anarquistas y su “legado ético” en partes significativas de lo que es nuestro mundo. Me refiero a aspectos como la libertad, el estado, la religión, el trabajo, y otros, que son de suponer, pero además, en el amor, la comida, la mujer, el arte, la tecnología, la sexualidad, el terrorismo y otros, que no son tan obvios ni de esperar.

Una segunda parte del libro “Anarquía” se dedica a recordar y analizar los héroes del anarquismo, así como la función que cumplió el anarquismo en la importantísima Comuna de París, y en Revolución Mexicana, en la Revolución Bolchevique, en la Guerra Civil Española, y aún se extiende hasta Seattle, a los conocidos sucesos de antiglobalización de 1999, mientras bucea y rastrea su presencia en la historia de nuestra América Latina y en Costa Rica, en particular. Eso explica que la bibliografía, impresionante, desborde los 300 títulos.

“La fuga de Kropotkin”, en cambio (obra que incluye un “copyright” del 2004), relata, a modo de una biografía, la historia del príncipe ruso Piotr Alexéievich Kropotkin, nacido en el 1842 y fallecido en el 1921. Aunque miembro de la más selecta y rica aristocracia rusa, Kropotkin, geógrafo de profesión, se opuso a su misma clase y renunció a su riqueza y sus privilegios, luchó contra el zar, sufrió prisión en Siberia, de la que escapó para pasar 42 años de exilio, hasta que la revolución bolchevique le permitió el regreso e incluso encontrarse con el Lenin jefe de estado en el 1919.

Tanto el libro sobre Kropotkin como el libro sobre la anarquía, adolecen de un defecto que es una virtud. Están escritos por un historiador que es un escritor talentoso y que no teme referir los eventos de estudio al mundo contemporáneo, ese en el que vivimos todos, y en el que luchamos. Eso convierte estas obras en herramientas de combate iluminadoras, y a la misma vez, deleitosas.

Marcos Reyes Davila
¡Albizu seas!

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