Rodrigo Quesada: “La armonía social, política, económica y cultural que propone el anarquismo solo son posibles sin mandamases de ninguna especie”

Entrevistas

Durante el mes de mayo vio la luz el nuevo libro de Editorial Eleuterio: “Anarquía. Orden sin autoridad”, grueso volumen de 450 páginas escrito por el profesor Rodrigo Quesada Monge. A días de su lanzamiento, aprovechamos de hacer algunas preguntas a su autor, quien nos habló de cómo nació la idea de este libro en 1990 y del valor del legado ético que postulan las ideas anarquistas.

El 2 de noviembre del año 2010, en el sitio web del Grupo de Estudios José Domingo Gómez Rojas, se publicó un pequeño artículo titulado “La Libertad”, cuyo autor era el Profesor Rodrigo Quesada. Según nos contó en dicha ocasión, este texto era parte de un proyecto mayor, aún no acabado y que dentro de los próximos años sería publicado. En ese entonces, desconocíamos un dato que, luego, nos llamaría profundamente la atención: “Anarquía. Orden sin autoridad”, el título del libro en cuestión, había comenzado a ser escrito en 1990, cuando se encontraba trabajando como investigador en la Universidad Libre de Berlín: “A finales de 1989, el DAAD de la República Federal Alemana en aquel entonces, me invitó como investigador a la Universidad Libre de Berlín, en el Instituto de Educación Comparada, para ser preciso. Ahí estuve hasta febrero de 1990. La experiencia fue arrolladora porque, para un historiador, haber vivido de cerca los procesos que se estaban suscitando en aquel momento (noviembre de 1989) en Europa, era realmente algo para nunca olvidar por el resto de la vida. La caída del socialismo real, en vivo y a todo color, aceleró y profundizó un proceso de crítica en el que yo estaba desde hacía muchos años”.

La experiencia viajera del autor otorgó una amplitud de mirada y un bagaje cultural que, sin duda alguna, se ve reflejado en este libro. Cursó estudios doctorales en la Universidad de Londres; trabajó como profesor invitado en las universidades Libre de Berlín y en la de Wisconsin; y fue jurado internacional Casa de las Américas, Cuba, en el 2001. Toda esta carrera (que acá solo hemos nombrado a vuelo de pájaro), le significó recibir, el año 1998, el Premio Nacional de Historia de la Academia de Geografía e Historia de Costa Rica, país donde vive junto a su familia.

Actualmente se encuentra jubilado de la Universidad Nacional de Costa Rica, donde fue catedrático de historia durante 32 años. Sin embargo, como él señala, desde que se ha jubilado está más ocupado que antes: “El amor, la pasión y la dedicación que demandan la investigación histórica y la escritura de un trabajo como Anarquía. Orden sin autoridad solo pueden ser el producto de la disciplina diaria, del esfuerzo y la entrega.”

Editorial Eleuterio: “Anarquía. Orden sin Autoridad” es un libro que comenzó a escribirse en Berlín, allá por el año 1990, y que será publicado en dos países 24 años después, ¿qué lugar tiene esta magna obra dentro de su carrera como historiador?

Rodrigo Quesada: Primero que nada, quisiera agradecer a Editorial Eleuterio de Chile y a la EUNA de Costa Rica, por haber tenido la gentileza y la pericia para editar tan hábil y bellamente este libro.

A finales de 1989, el DAAD de la República Federal Alemana en aquel entonces, me invitó como investigador a la Universidad Libre de Berlín, en el Instituto de Educación Comparada, para ser preciso. Ahí estuve hasta febrero de 1990. La experiencia fue arrolladora porque, para un historiador, haber vivido de cerca los procesos que se estaban suscitando en aquel momento (noviembre de 1989) en Europa, era realmente algo para nunca olvidar por el resto de la vida. La caída del socialismo real, en vivo y a todo color, aceleró y profundizó un proceso de crítica en el que yo estaba desde hacía muchos años. El hecho de haber nacido en una familia de comunistas de la vieja guardia en Costa Rica, así como también de haber estudiado en Inglaterra, posteriormente, me provocó una serie de reflexiones que lo presenciado en Berlín sistematizó. Nunca encajé en el comunismo costarricense. Era demasiado eclesiástico, para decirlo de alguna forma. Mis lecturas de Trotsky, Bakunin, Kropotkin y otros, mientras fui estudiante universitario, posiblemente ventilaron mis ideas y me acercaron a una visión del socialismo menos estridente que la promovida por el estalinismo costarricense. En Inglaterra me formé como historiador económico y luego en Costa Rica, escribí y publiqué varios trabajos sobre historia económica y financiera de Centroamérica. La formación inglesa, tan rigurosa y exigente, sirvió de manera impecable, para luego asumir otros trabajos más cercanos a mis viejos ideales socialistas.

Este es uno de los libros más personales que he escrito. En él se encuentran muchas inquietudes, ideas y emociones que se han ido consolidando con los años. Fue escrito con las “tripas” como decía García Márquez, luego de un estudio concienzudo y meticuloso del material que pude recoger a lo largo de los años, en varias lenguas extranjeras y en español, por supuesto. No soy de los historiadores que pone en sus libros bibliografías descomunales de obras que nunca leyó. Cada una de las obras consultadas para este libro requirió varias horas-nalga, si me lo permite. Definitivamente este libro es un punto de quiebra, al menos en lo que a mi sensibilidad política se refiere. Lo cual no quiere decir que haya concluido mi etapa como historiador económico.

EE: Pensando en que su trabajo ha ido organizándose en el análisis y ensayo historiográfico, ¿cuál es o son las motivaciones para escribir un libro como éste en el contexto latinoamericano?

RQ: La motivación principal para escribir un libro como este vino de la lectura de libros entrañables como el escrito por nuestro querido Ángel Cappelletti, el de Daniel Guerin y otros similares. Una vieja tradición sostiene que el anarquismo es un ideario y un movimiento político y cultural más propio de sociedades altamente industrializadas, como los Estados Unidos, Inglaterra, Francia o Alemania, donde las concentraciones fabriles hacen que los trabajadores busquen alternativas para las condiciones de alienación en que viven.

Sin embargo, el anarquismo jugó un papel decisivo en varias de las revoluciones fundamentales en América Latina y el Caribe, como la revolución mexicana, la revolución cubana y otras. Sin embargo, en América Central y Costa Rica, particularmente, el anarquismo tiene un perfil bastante modesto. Durante los años veinte y treinta del siglo anterior pudo haber sido algo muy atractivo para una intelectualidad radical que se abría espacio. Pero luego se lo olvidó rápidamente. De tal forma que, para fines personales y de divulgación, sentí la necesidad de escribir una especie de manual que recuperara y reintrodujera las viejas y siempre modernas ideas del anarquismo, en América Central y el Caribe. Aquí se dicen y se piensan cosas inverosímiles sobre el anarquismo. De tal forma que era urgente sacar el tiempo y la concentración para escribir un texto que intentara, al menos, ubicar al anarquismo en el mundo contemporáneo de centroamericanos y caribeños. Pero junto a las lecturas, estuvieron también las conversaciones con colegas, políticos y académicos que estaban muy de cerca del pensamiento anarquista. Esto le fue dando cuerpo a otros intereses, como recuperar las biografías y el quehacer político e intelectual de hombres y mujeres del anarquismo realmente indispensables, para la historia cultural del siglo veinte, figuras tales como Piotr Kropotkin, Eliseo Reclus, Emma Goldman y Mikhail Bakunin, luchadores y luchadoras casi totalmente desconocidos en nuestros países en América Central y el Caribe.

EE: Destaca el título del libro, en la medida que para el común la idea de anarquía es sinónimo de caos, desorden o violencia. ¿En qué medida se relacionan las ideas de “Anarquía”, “Orden” y “Autoridad” para el historiador como para el hombre Rodrigo Quesada?

RQ: El título del libro lo tomé de un graffiti que me encontré en un muro de la ciudad de Lima, Perú, hace algunos años. Todos sabemos que Lima está plagada de una bellísima cantidad de graffiti que la han vuelto mundialmente famosa. Ese graffiti me pareció perfecto para un libro que buscaba no sólo difundir de nuevo las ideas más preciadas del anarquismo, sino también llegarle al hombre de la calle, al hombre de a pie, que busca ansiosamente respuestas para sus grandes problemas existenciales, políticos y sociales. Mis padres fueron obreros artesanos sumamente castigados por las condiciones económicas y sociales de mi país, Costa Rica. Pero, a pesar de todo, nunca dejaron de ser gente decente, incapaces de soportar el autoritarismo y la grosería de un patrono o de un político. Esos valores se adquieren y jamás se pierden. Era urgente, entonces, para el historiador, recuperar una historia, una práctica y una idea que habían hecho que para muchas personas en todo el mundo, la vida valiera la pena ser vivida. La armonía social, política, económica y cultural que propone el anarquismo solo son posibles sin mandamases de ninguna especie.

EE: En una revisión a nivel personal autocrítica: ¿Han influenciado los autores tratados en “Anarquía. Orden sin Autoridad” en su trabajo historiográfico?

RQ: Indiscutiblemente. Pensadores como Kropotkin, Reclus, Goldman, Bakunin, Malatesta y muchos otros, dejaron una impronta en mi conciencia y en mi trabajo académico que jamás podré ponderar en toda su justa medida. ¿Qué historiador medianamente serio y responsable con su trabajo, no se va a sentir atraído por la enorme labor científica realizada por un geógrafo como Eliseo Reclus, por ejemplo? ¿Qué analista social y político no se sentiría imprecado por las demandas y exigencias ideológicas establecidas por luchadoras feministas del calibre de Emma Goldman? Pero hay más: todo historiador interesado en los siglos diecinueve y veinte, encontrará en la Comuna de París, en la Revolución Rusa y en la Guerra Civil Española, motivos para seguir meditando y seguirse planteando preguntas que posiblemente no tengan respuestas inmediatas, pero que siguen generando una cantidad ingente de dudas, motivo por el cual la investigación continúa y se amplía sin detenerse. Esos fueron procesos históricos en los que los anarquistas jugaron un papel vertebral, de tal forma que es exigencia para la investigación histórica no cejar en sus esfuerzos por descubrir el verdadero protagonismo de la utopía promovida por los anarquistas; utopías que hoy se encuentran redivivas en todas partes del planeta. Y en esto los historiadores jóvenes tienen un gran futuro.

EE: Piotr Kropotkin terminó escribiendo un libro (inconcluso) titulado “Ética: Origen y evolución de la moral”, donde expone la idea de una ética simplemente humana. En una sociedad profundamente neoliberal e individualista, ¿qué posición ocupa la “actitud ética” en el militante, el ser humano en su cotidianidad y en el historiador Rodrigo Quesada? ¿Por qué es fundamental hablar de un legado ético del anarquismo, tal como señala en su libro?

RQ: La historia de las ideas y de las actuaciones prácticas de los anarquistas es rica en autenticidad, en sentido del compromiso, de la responsabilidad y de la solidaridad con otros seres humanos. Sin solidaridad, sin amistad y sin respeto a las diferencias de los demás en grupo, o individualmente, es difícil imaginar una sociedad superior. El capitalismo hace reposar toda su energía en la producción, obtención y distribución de la ganancia. Es ésta el motor de toda su historia y de toda su existencia. El socialismo real hizo que su historia se apoyara en el secretismo, la vergüenza y la humillación de una forma de poder que se sustentaba en la idea de que un grupo de iluminados podía cambiarnos el mundo, sin que nosotros participáramos en el proceso. El anarquista rechaza ambas formas de ver y de sentir el mundo. De tal manera que, en nuestro libro, intentamos reproducir las distintas vías y caminos que se han imaginado los anarquistas, para llegar a esa sociedad armoniosa en la que ni la avaricia simple y llana por un determinado volumen de ganancia, o la forma en que puedo ejercer el poder y la autoridad, me obstaculicen en la consecución de una libertad, una ética y una fraternidad productivas y vigorosas. Kropotkin y varios de los pensadores que aquí hemos mencionado, fueron profundamente consecuentes con sus ideas y sus acciones, en lo que compete al trabajo, al compromiso político y social que les demandó su tiempo. Aún a costa de granjearse la oposición y la crítica ácida y mal intencionada, como le sucedió al geógrafo ruso en vísperas de la Primera Guerra Mundial.

EE: Teniendo en cuenta el largo tiempo de espera, de organización, de búsqueda de materiales, de confrontación de ideas, que han fructificado en un texto profundamente analítico y rico en su entrega, ¿qué podemos esperar de sus próximos trabajos?

RQ: Tengo la creencia de que hablar de mis próximos trabajos es de mala suerte. Ahora que cuento con el apoyo de una editorial tan prestigiosa como Eleuterio, la sensación de seguridad, que ha reemplazado a la incertidumbre y la ansiedad, me permite la reserva de expresar mis inquietudes o promesas sobre el futuro más inmediato de mi trabajo. Soy un catedrático universitario jubilado desde hace siete años y puedo decir, sin temor a equivocarme, que ahora estoy más ocupado que antes. El amor, la pasión y la dedicación que demandan la investigación histórica y la escritura de un trabajo como Anarquía. Orden sin autoridad solo pueden ser el producto de la disciplina diaria, del esfuerzo y la entrega. Dichosamente puedo discutir con mi esposa y mis dos hijos (todos profesionales reconocidos) los adelantos y los primeros borradores de mis estudios. Por lo pronto, acabo de hacer entrega a la Editorial Eleuterio, de un texto, al que venía tratando de darle forma desde hace unos cinco años, sobre Eliseo Reclus. Ya veremos qué sucede. Mi más sentida gratitud.

Deja un comentario